16-09-11 /// 16 DE SEPTIEMBRE, 86 AÑOS DE B.B. KING

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RILEY B. KING nace el 16 de septiembre de 1925 en un pueblo, Itta Bena, en Misisipi. A B.B. King (blues boy King) se le considera el guitarrista más grande en vida. Personalmente no me gustan las comparaciones ni los superlativos relativos, porque cada uno de los grandes tiene un estilo personal, y unos tienen técnica admirable y otros alma.. y además, ¿por qué ser el mejor? La atalaya es solitaria y aquí no se supone que hay competición alguna.. en fin.. que lo de “mejor guitarrista vivo” dicho por la prestigiosa revista Rolling Stone es un dato, una referencia y vale.

B.B. King, la guitarra cambié su vida. Él mismo lo cuenta en la letra de su composición “Lucille”,  es Lucille quien espanta soledades y quien le canta en sus momentos  bajos, su querida Lucille. Sucedió  que B.B. King estaba tocando su guitarra en una taberna de baile, y normalmente se colocaba un barril de queroseno  encendido para caldear el frío de Arkansas. Hubo una pelea por una mujer, cosa nada extraña en estos lugares de esparcimiento. Total que entre los golpes y empujones el barril cayó al suelo, se produjo un incendio terrible  y hubo que desaojar el local precipitadamente. Quedó dentro la guitarra de B.B. y este entró de nuevo, corriendo entre las llamas para recuperarla, su querida guitarra y las siguientes  se llamaron desde entonces “Lucille” igual que la dama que fue la causa de la pelea.

La última vez que vimos a este gran Bluesman fue hace ya algunos años, desafiando la gravedad y sentados en unos escalones allí, arriba, en un lugar nada aconsejable a quien sufra de vértigo, en el festival de Jazz de Donosti,  en la Plaza de la Trinidad. Emocionados en nuestra atalaya, disfrutamos de una vista completa del escenario. B.B. King a veces en pie y la mayoría de las veces sentado, se entregaba con sus años, su experiencia y, sobre todo con su entusiasmo a un público de todas las edades que abarrotaba la plaza. Su médico particular lo vigilaba constantemente y de vez en cuando, a una señal convenida, el Bluesman se retiraba unos momentos  a la parte trasera  del escenario, y allí  se dejaba dócilmente medir tensiones y palpitaciones, luego se secaba el sudor de la frente y volvía  a esa primera línea del escenario, a su silla, a tocar, a cantar, a entregarse, a disfrutar y a transmitir el blues más autentico.  Tiró al público púas que algunos jóvenes de las apretujadas primeras filas guardaban como reliquias. Fue todo emocionante, irrepetible. B.B. King no ha sido nunca un “divo”, ha sido siempre cercano, accesible, ha sido y es el apacible bluesman de aspecto bonachón y risa fácil que disfruta y comparte con su público esa pasión vital: EL BLUES.

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(artículo publicado en La Coctelera en septiembre de 2011)

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